EL TEATRO,
la escena secreta
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| de Marco Antonio
de la Parra |
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La clausura del XVII
Temporales Internacionales Teatrales de Puerto Montt
será el escenario para el estreno de esta obra
de Marco Antonio de la Parra, el 29 de julio. Después,
el montaje volverá a la sala “Antonio
Varas” para recorrer la intimidad de los laberintos
y subterráneos de esa fábrica de sueños
que es el teatro. Dirige Raúl Osorio.
El segundo estreno, como toda la Temporada 2006/2007, se enmarca en la conmemoración de los 65 años de vida del Teatro Nacional Chileno. Un homenaje artístico a ese junio de 1941, cuando un grupo de estudiantes de diversas carreras de la Universidad de Chile fundó el Teatro Experimental. Una fecha lejana en el tiempo, pero cercana en lo afectivo y artístico, ya que el TNCH sigue vivo y vigente como entidad creativa.
En este sentido, la obra de Marco Antonio de la Parra desafía la memoria, el espacio, el tiempo, la historia y la tradición cuando se propuso ingresar a los laberintos y subterráneos de las ideas, afectos y sueños que deambulan y forman parte del teatro chileno, a esa intimidad del arte escénico cuyo soporte es el cuerpo de actores y actrices.
Pero, curiosamente, la mirada del autor no se orienta sobre lo que sucede arriba del escenario ni en lo que presencia el espectador.
“El teatro comentado desde lo que no se ve, dice De la Parra. Los bastidores, la escena secreta, los vestidores, la peluquera, la mujer que plancha, el utilero, la luz de guardia, el silencio durante la representación”. Y agrega: “En escena aquellos que jamás se ven, la obra secreta, quizás la historia del mundo actual, el fin del mundo, el siglo XXI, los temores, los sueños, las pesadillas”.
A continuación pone ejemplos de la vida teatral misma: “Un actor se extravía, un tramoya lo reemplaza. Cambian el argumento de una obra, filosofan, comentan la historia del teatro, amenazado de cierre por desuso, por olvido, por falta de público”.
En esta travesía por el corazón
de la gente, el dramaturgo apunta a la memoria, ese
fenómeno incontrolable que puede convertir
en pieza de museo los recuerdos o, bien utilizada,
revitalizar la energía acumulada inevitablemente
con el paso de los años. De la Parra la concentra
en los hacedores de todo tipo. Dice: “El viejo
tramoya que conoció tiempos de gloria, la peluquera
que peinó divas. Un espectador que aparece
entre bambalinas. El teatro va desapareciendo. Desaparecen
las butacas, la taquilla, la obra. El último
actor muere en escena como Molière. Los tramoyas
defienden el teatro, retoman la obra perdida, construyen
una pieza inexistente con retazos de lo que han visto.
El teatro como un barco que se hunde”.